Día Internacional de la Lucha contra el Maltrato Infantil

El maltrato infantil se queda EN y CON nosotros.

En Chile 2.661.971 de niños, niñas y adolescentes reciben algún método violento de disciplina (ELPI, 2017), instalándose así una cultura que genera maltrato infantil y que además la normaliza.

Que importante es entonces conocer y comprender mucho más de este tema, partiendo desde nosotros como personas, profesionales y/o madres, padres o cuidadores, que de una u otra forma nos relacionamos no solo con la infancia y adolescencia más visiblemente afectada, sino que también con la otra infancia, la silenciada, la que tiene recursos económicos suficientes y a veces en exceso que les permite en “apariencias” una buena infancia, libre “supuestamente” de vulneraciones y de maltratos, pero que al poco rato de compartir en estos otros espacios nos encontramos también con esos indicadores tan claros y precisos que son difíciles de ignorar y que nos invitan a reflexionar…¿Por qué el maltrato se quedan EN y CON nosotros?.

¿Te ha pasado alguna vez en tus redes sociales encontrar este tipo de imágenes?

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Estos mensajes tienden a mostrarnos la normalización del maltrato infantil, que puede ser una de las tantas consecuencias que el maltrato genera, ya que nos señala como el Trauma ha quedado EN y CON él o ella. En este ejemplo es fácil observar como el sufrimiento en la infancia ha marcado a ese adulto, pero también hay otras formas en que el dolor y sufrimiento en la niñez ha quedado grabado en el cerebro, cuerpo y mente de ese adulto haciendo de esto un “daño que se hereda” y que se trasmite de forma intergeneracional (Pitillas, C, 2021).

Millones de niños y niñas en nuestro país cada día son ignorados, maltratados, abusados, humillados, expuestos de tantas formas a experimentar estrés, el que en muchos caso termina convirtiéndose en estrés tóxico, generando así un impacto y daño a nivel de las estructuras cerebrales.
El estrés tóxico “…puede ocurrir cuando un niño experimenta situaciones de vulneraciones graves. Este tipo de activación prolongada de los sistemas de respuesta al estrés, puede afectar el desarrollo de la arquitectura del cerebro y otros sistemas de órganos, y aumentar el riesgo de enfermedades relacionadas con el estrés y el deterioro cognitivo hasta bien entrada la edad adulta”
Barudy, 2019
Esto debido a que se produce una inundación tóxica del cerebro de cortisol con destrucción de neuronas del sistema límbico en zonas vitales para el desarrollo de la personalidad: el Hipocampo y de la Amígdala, la primera fundamental para el desarrollo de las memorias afectivas y por ende del apego y de la vinculación social y la segunda para la modulación de la pulsión agresiva y sexual.

Como indica Van der Kolk (2015) “El trauma genera una reorganización fundamental del manejo de las percepciones por parte de la mente y del cerebro. Cambia no solo como y en que pensamos, sino también en nuestra propia capacidad de pensar” (p.18)

A esto me refiero a que el maltrato queda EN nosotros, ya que impacta de forma directa nuestra organización y estructura cerebral lo que posteriormente moldeara nuestras conductas y formas de comprender e interpretar las relaciones interpersonales.

Recordemos que el cerebro humano termina de desarrollarse a los 24 años en condiciones de buenos tratos y a los 34-35 años en contextos de riesgo y malos tratos (Barudy y Dantagnan, 2005) por ende, todo lo que ocurra durante nuestro crecimiento y desarrollo nos impactará y luego desde este conocimiento nos permitirá comprender porque hacemos, pensamos y sentimos lo que sucede en nuestra vida cotidiana.

Esta realidad debemos reconocerla ya que existe una prevalencia de experiencias adversas, crónicas, acumulativas y reiteradas que afectan a miles de niñas y niños en nuestro país y en el mundo. En términos globales, las experiencias adversas (E.A.I) son más frecuentes en niños/as menores de 6 años que en niños/as mayores, donde las investigaciones de Kerker indican que casi la totalidad de los niños/as entre los 18 y los 71 meses de edad (98.1%) ha sufrido al menos un evento adverso y el 50.5% ha vivido 4 o más, generando consecuencias que afectan a NNA desde el momento de su gestación, lo que según la evidencia aportada desde las neurociencias afectan todas las áreas del neurodesarrollo incluyendo cambios permanentes en el mundo relacional.

Herman (1992) utiliza el término “trauma complejo” para referirse al trauma relacional de inicio temprano, relacionado muchas veces a incompetencias parentales severas, crónicas o tóxicas, que deja unos efectos duraderos en las capacidades básicas de la persona traumatizada. Posteriormente investigadores y clínicos como Bessel van der Kolk acuñan el término de trauma del desarrollo para referirse a los niños/as que han sufrido trauma temprano crónico y recoge síntomas agrupados en los ejes de trastornos físicos o afectivos, trastornos de la atención o de la conducta y trastornos relacionales o con uno mismo.

Aunque todas las formas del trauma temprano tienen consecuencias, las más severas y duraderas derivan de la exposición repetida a múltiples formas de trauma, los cuales muchas veces van asociados a niveles más elevados de disociación (Hulette et al., 2008, 2011; Teicher et al., 2006), siendo esta la realidad más frecuente observada en nuestro país, ya que habitualmente se observa una constelación de malos tratos infantiles que incluye la poli victimización e institucionalización de larga data entre otros con presencia de apegos inseguros, desorganizados y de trastorno reactivo de apego.

La evidencia muestra además que el 82% de las víctimas de maltrato, establecen apegos desorganizado (Carlson, Cicchetti, Barnett y Braunwald, 1989) presentando mayores probabilidades de desarrollar trastornos psíquicos, problemas de comportamiento en su niñez y juventud (Barudy y Dantagnan, 2005), bajo desempeño en la escuela, y menor desarrollo de habilidades sociales (Alarcón, Araújo, Godoy, Vera, 2010; Children’s Bureau, 2013). Posteriormente, en la edad adulta, corren mayores riesgos de presentar problemas conductuales, físicos y mentales, como son el consumo problemático de tabaco, alcohol y drogas, sufrir depresión u obesidad, o tener comportamientos violentos y/o sexuales de alto riesgo (Mouesca, 2015; OMS, 2016), generándose así un contexto vital que interfiere el ejercicio de una parentalidad competente y resiliente.

Y es en este sentido como el trauma En nosotros (impacto a nivel de nuestro neurodesarrollo) puede quedar además CON nosotros (ya que en la vida cotidiana este sufrimiento se manifiesta diariamente y se traspasa a nuestros hijos/as) sobre todo si somos madres o padres.

En este sentido comparto con ustedes lo que Carlos Pitilla nos explica en su reciente libro “El daño que se hereda: Comprender y abordar la transmisión intergeneracional del trauma” y que creo puede graficar perfectamente a lo que me refiero cuando les señalo que el impacto queda CON nosotros.

La crianza es un escenario de rememoración para los padres. (…) Para un adulto cuya historia de apego fue traumática, convertirse en padre supone verse expuesto de nuevo a emociones negativas, frecuentemente irresueltas, difíciles de articular. Cuidar de una criatura frágil y dependiente implica ponerse en contacto con la propia dependencia, con la fragilidad aun dolorosa de una infancia que se vivió con miedo e indefensión. El llanto del niño, sus expresiones de rabia, sus expresiones de frustración o impotencia, reactivan en estos padres la huella preverbal de esas mismas experiencias en ellos mismos, tal como fueron vividas cuando estaban al cuidado de padres que les hicieron daño: el miedo aterrador, la rabia intensa y no canalizada, la impotencia y la desesperación, la vergüenza, la humillación, la soledad. (Pitilla, 2021, p.106-107).

Por estas razones y muchas otras más, es que te invitamos a prevenir e interrumpir cualquier situación de riesgo y malos tratos infantiles, ya que así podemos detener el sufrimiento transgeneracional que esta situación genera.

VALÓRAME
Instrumento para la valoración de la gravedad de las situaciones de riesgo, desprotección y desamparo de la infancia y adolescencia

Para ello compartimos con ustedes un excelente instrumento español “VALÓRAME Instrumento para la valoración de la gravedad de las situaciones de riesgo, desprotección y desamparo de la infancia y adolescencia” que explica de forma detallada múltiples indicadores y niveles de gravedad para nuestra infancia.

(si el documento no se muestra a continuación, actualiza la página)

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Referencias bibliográficas

  • Alarcón Forero, L. C., Araujo Reyes, A. P., Godoy Díaz, A. P., & Vera Rueda, M. E. (2010). Maltrato infantil y sus consecuencias a largo plazo. MedUNAB, 13(2), 103–115.
  • Barudy, Jorge, & Dantagnan, M. (2005). Los buenos tratos a la infancia: Parentalidad, apego y resiliencia. Editorial GEDISA.
  • Carlson, V., Cicchetti, D., Barnett, D., & Braunwald, K. (1989). Disorganized/disoriented attachment relationships in maltreated infants. Developmental Psychology, 25(4), 525–531. https://doi.org/10.1037/0012-1649.25.4.525
  • Children’s Bureau (2013). Consecuencias a largo plazo del maltrato de menores. Child Welfare Information Gateway, Washington DC.
  • Hulette, A. C., Freyd, J. J., Pears, K. C., Kim, H. K., Fisher, P. A., & Becker-Blease, K. A. (2008). Dissociation and Posttraumatic Symptoms in Maltreated Preschool Children. Journal of Child & Adolescent Trauma, 1(2), 93–108. https://doi.org/10.1080/19361520802083980
  • Kerker, B. D., Zhang, J., Nadeem, E., Stein, R. E. K., Hurlburt, M. S., Heneghan, A., Landsverk, J., & McCue Horwitz, S. (2015). Adverse Childhood Experiences and Mental Health, Chronic Medical Conditions, and Development in Young Children. Academic Pediatrics, 15(5), 510–517. https://doi.org/10.1016/j.acap.2015.05.005
  • Ministerio de Desarrollo Social. (2017). Resultados 3a Encuesta Longitudinal de Primera Infancia ELPI 2017. http://observatorio.ministeriodesarrollosocial.gob.cl/elpi/docs/resultados2017/ELPI-PRES_Resultados_2017.pdf
  • Mouesca, J. (2015). Prevención del maltrato infantil: Función del pediatra. 1ra parte: Aspectos generales, evidencia, factores de riesgo, factores protectores y desencadenantes. Archivos Argentinos de Pediatria, 113(6). https://doi.org/10.5546/aap.2015.558
  • OMS (2016). Maltrato Infantil. Nota descriptiva, Septiembre 2016. Organización Mundial de la Salud. Recuperado el 01 de marzo de 2018, de http://www.who.int/mediacentre/factsheets/fs150/es/
  • Pitillas, C. (2021). El daño que se hereda. Comprender y abordar la transmisión intergeneracional del trauma. Desclée De Brouwer.
  • Teicher MH, Tomoda A, Andersen SL. Neurobiological consequences of early stress and childhood maltreatment: are results from human and animal studies comparable? Ann N Y Acad Sci. 2006 Jul;1071:313-23. doi: 10.1196/annals.1364.024. PMID: 16891580.
  • Van der Kolk, Bessel (2015). El cuerpo lleva la cuenta: Cerebro, Mente y Cuerpo en la Superación del Trauma. Eleftheria.

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